23 Enero 2017 | Dave Bookless | 0 comentarios

Esperanza en un mundo de posverdad

El Oxford English Dictionary ha anunciado que su ‘Palabra del año para 2016’, tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, es “posverdad” (ver artículo en El País). En un año en el que se han producido campañas amargamente divisivas en el referéndum del Brexit y las elecciones presidenciales estadounidenses, y un crecimiento del extremismo político en diversos lugares del mundo, es evidente que hemos entrado en una era tóxica de temor e incerteza sobre qué creer y en quién confiar.

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A Rocha no es una organización partidista, y cuenta con adeptos de ambos lados de las recientes votaciones en R.U. y EE.UU.. Sin embargo, donde sí opina A Rocha es en el lugar de la naturaleza –la creación de Dios– en el discurso político y la toma de decisiones. Y es aquí donde la definición del Dicccionario Oxford en línea resulta instructivo:

«relacionado con, o que señala a, circunstancias en las que los hechos objetivos tienen menos influencia en la formación de la opinión pública que las llamadas a las emociones y las creencias personales»

El hecho es que los hechos ya no cuentan mucho. La gente no confía en las estadísticas. La percepción es que la ciencia está politizada. Como George Marshall lleva años argumentando [1], «la gente está poco motivada por los hechos y las cifras… A la gente la motivan los valores compartidos y la identidad, y el gozo de la pertenencia». [2] La verdad, en el contexto del siglo XXI, no se define objetivamente sino en términos de las comunidades sociales y virtuales en las que nos sumergimos.

Para los científicos y los conservacionistas, acostumbrados a argumentos basados en pruebas que conducen a decisiones políticas, eso es profundamente perturbador. Para los cristianos, que desde la Ilustración utilizan argumentos racionales para defender el caso de Dios y la prueba de la resurrección, es igualmente perturbador. No obstante, quiero sugerir que esto tiene un lado positivo, que se refiere a la manera en que ha trabajado siempre A Rocha.

El Evangelio contiene la queja de Poncio Pilato, «¿Qué es la verdad?», palabras que proceden directamente de un debate electoral actual. Pero Jesús habló de la verdad no como una propuesta o prueba, sino como algo a lo que pertenecer y, en última instancia, de él mismo como «el camino, la verdad y la vida’. La verdad se encuentra en las relaciones, y quizá la razón más profunda de que en este momento habitemos en un mundo de ‘posverdad’ sea la rotura de las relaciones hoy en día; entre los políticos y el público, entre las diferentes culturas y etnias (Dictionary.com elige ‘Xenofobia’ o el temor a los extranjeros como su palabra del 2016, basándose en las búsquedas en la web), y por supuesto entre la humanidad, la creación y Dios.

Los valores básicos de A Rocha son relacionales, forjados en proyectos de conservación a largo plazo, basados en la comunidad e interculturales. Al tomar parte en el trabajo de A Rocha, aprendemos verdades incómodas acerca de nosotros mismos en la vida comunitaria intercultural, a medida que descubrimos nuestros propios prejuicios y nuestra necesidad de cambiar. Aprendemos verdades incómodas sobre la forma en que hemos dañado el precioso mundo de Dios, a medida que establecemos registros de cómo mengua la diversidad de la creación en nuestros estudios a largo plazo. Pero también encontramos verdades más esperanzadoras. Vemos la verdad de las vidas cambiadas cuando proporcionamos a la gente ingresos sostenibles, cómo las comunidades comprenden que cuidar de la creación significa cuidar de sus propios hijos, cómo las iglesias se convierten en Eco iglesias, cómo las personas destrozadas encuentran curación y un propósito al seguir a Jesús entre otras personas igualmente destrozadas. Discernimos señales de redención en los hábitats dañados que recuperamos, en la maravilla de la resistencia de la naturaleza y al cosechar el fruto de proyectos de cultivo de alimentos. Encontramos esperanza en la verdad de que el enfoque de A Rocha, al restaurar relaciones entre Dios, las personas y el planeta mediante un trabajo práctico a largo plazo, prospera en contextos increíblemente diferentes –urbanos y rurales, marinos y forestales– en culturas distintas de todos los continentes habitados.

En Howard’s End, el gran lamento del novelista E. M. Forster era «No sigamos viviendo en fragmentos… Simplemente conectemos». Si un mundo posverdadero es consecuencia de las relaciones fragmentadas, entonces reconectar restaurando las relaciones dañadas es el camino para reconstruir esperanza y confianza, y para redescubrir la verdad. Las soluciones políticas grandiosas son demasiado remotas. La verdad comienza desde las bases. Se planta cuando reconectamos con Dios, las personas y el planeta en contextos locales. Da fruto cuando aprendemos nuestra interdependencia y descubrimos el gozo de las pequeñas cosas. Al igual que una semilla de mostaza, puede parecer pequeño e insignificante, pero crece y se expande. Érase una vez que nació un niño… diminuto, impotente, insignificante, o eso parecía. Pero «la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Hemos visto su gloria, la gloria del único Hijo, que procede del Padre, lleno de gracia y de verdad».

[1] George Marshall, Don’t Even Think About It: Why Our Brains Are Wired to Ignore Climate Change –Ni pensar en eso: por qué nuestro cerebro está programado para ignorar el cambio climático– (Bloomsbury, 2014)

[2] Presentación en “Comunicación del cambio climático” en el simposio Fe por el Clima, Londres, 2016

Traducción: Marisa Raich

Categorías: Reflexiones
Sobre Dave Bookless

Dave trabaja con A Rocha desde 1997, primero como miembro del consejo de administración de A Rocha Internacional y desde 2001 con A Rocha Reino Unido como cofundador (con su esposa Anne), director nacional, y posteriormente director de teología, iglesias y comunidades sostenibles. Se unió al equipo de A Rocha Internacional en septiembre de 2011. Su función como asesor de teología e iglesias incluye la aportación de consejos y recursos para los miembros del consejo de administración de ARI, el equipo y las organizaciones nacionales de A Rocha, y la coordinación de las relaciones con redes internacionales de teología y misiones. También está cursando en la universidad de Cambridge, a tiempo parcial, un doctorado en teología bíblica y conservación de la biodiversidad.

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