16 mayo 2013 | Dave Bookless | 0 comentarios

El Papa, el pobre y el planeta

El Papa Francisco ha agitado las aguas lavando los pies de una joven mujer musulmana el pasado Jueves Santo, enfrentándose a los acaudalados intereses creados dentro y fuera de la iglesia y rehuyendo la pompa y el lujo papales. Sin embargo, tal vez lo que haya causado mayor revuelo sea el nombre que ha elegido y lo que representa.

El papa Francisco

San Francisco de Asís no fue un burócrata eclesiástico sino un discípulo radicalmente sencillo de Jesús, que se atrevió a interpretar la Biblia literalmente. Causó un gran revuelo por confraternizar con musulmanes, vender sus bienes, identificarse con los pobres y predicar a las aves y los animales. Un arzobispo peruano que trabajó estrechamente con el Papa Francisco (entonces cardenal Bergoglio) en una importante Conferencia Episcopal católica celebrada en Aparecida, Brasil, en el 2007, dice que los tres temas en los que ahora recae el acento en las homilías papales fueron identificados en aquella reunión: ‘el encuentro personal con Cristo, la opción de los pobres y el cuidado de la creación’. ¡No es un mal resumen en tres puntos del Evangelio, en mi humilde opinión!

En casi todos los discursos públicos, el nuevo Papa ha mencionado la justicia y la responsabilidad personal. El cuidado de los pobres y el cuidado de la creación no son alternativos. Ambos se derivan de la naturaleza de Dios, y los dos son inseparables en la práctica. La destrucción ambiental y el caos climático afectan en primer lugar a los pobres, ya que ellos son quienes viven más cerca de las aéreas marginales y dependen directamente de un clima fiable y de unas buenas cosechas. Mary Robinson, ex presidenta de Irlanda, declara ‘El cambio climático ya está teniendo un efecto dominó sobre la seguridad alimentaria y nutricional para las personas más pobres y vulnerables del mundo. Se predice un aumento del 20% de la desnutrición infantil para 2050. Esta es la injusticia del cambio climático: los peores efectos los padecen quienes menos contribuyen a causar el problema’.

El trabajo de A Rocha en todo el mundo pretende encontrar soluciones en las que ganen tanto la pobreza como el medio ambiente. Los bosques que se plantan en Ghana absorben dióxido de carbono, mejoran la biodiversidad y proporcionan ingresos sostenibles mediante los cultivos intercalados, la apicultura y las cosechas sustentables. La replantación de árboles huarango amenazados en zonas áridas del Perú detiene la desertificación, estabiliza el clima y atrae la vida silvestre. El programa ASSETS de Kenia se dirige al ecoturismo centrado en un arroyo de manglares y bosque amenazado para proporcionar ingresos a los pobladores locales. Proporcionar baños y agua potable para los barraquistas que habitan alrededor del humedal de Lubigi en Kampala, Uganda, aborda la salud humana y también mejora la calidad de vida de un hábitat urbano vital para la fauna silvestre.

Para quienes formamos parte de A Rocha, la fuerza motora de todo cuanto hacemos es nuestro ‘encuentro personal con Cristo’. Si Cristo es aquel ‘por quien y para quien todas las cosas fueron creadas’ y ‘en quien todas las cosas subsisten’, entonces seguir a Jesús significa ensuciarnos las manos en la acción práctica por los pobres y el planeta. Tanto paliar la pobreza como proteger la biodiversidad son trabajos del Reino de Dios.

No soy católico romano, pero como cristiano me siento alentado al ver que un Papa va más allá de pontificar y se comporta según el Evangelio. Como se comenta que dijo al animar a los sacerdotes argentinos a que vivieran en barrios de barracas, ‘un pastor debe oler a oveja’. Debemos tener cuidado en no convertir al Papa Francisco en la gran esperanza del ambientalismo cristiano –en su sermón de Pascua, el arzobispo Justin Welby advirtió de los peligros de los ‘líderes héroes’– y debemos orar por el nuevo Papa mientras se enfrenta a los poderosos intereses creados. En esta ocasión, sin embargo, el Papa Francisco, haciendo honor a su famoso pero también humilde homónimo, merece tener la última palabra (extraído de su sermón de Pascua):

“¡Aceptemos la gracia de la Resurrección de Cristo! Seamos renovados por la misericordia de Dios, seamos amados por Jesús, dejemos que el poder de su amor transforme también nuestras vidas; y convirtámonos en agentes de su misericordia, en canales mediante los cuales Dios pueda regar la tierra, proteger toda la creación y hacer que florezcan la justicia y la paz.”

Traducción: María Eugenia Barrientos / Marisa Raich

Categorías: Reflexiones
Sobre Dave Bookless

Dave trabaja con A Rocha desde 1997, primero como miembro del consejo de administración de A Rocha Internacional y desde 2001 con A Rocha Reino Unido como cofundador (con su esposa Anne), director nacional, y posteriormente director de teología, iglesias y comunidades sostenibles. Se unió al equipo de A Rocha Internacional en septiembre de 2011. Su función como asesor de teología e iglesias incluye la aportación de consejos y recursos para los miembros del consejo de administración de ARI, el equipo y las organizaciones nacionales de A Rocha, y la coordinación de las relaciones con redes internacionales de teología y misiones. También está cursando en la universidad de Cambridge, a tiempo parcial, un doctorado en teología bíblica y conservación de la biodiversidad.

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