4 Septiembre 2017 | Dave Bookless | 0 comentarios

El poder de China

Recientemente regresé de unas exposiciones, visitando Hong Kong, Beijing y Yanji (Noreste de China). Hablando acerca de la sustentabilidad ambiental a estudiantes y profesores en tres contextos muy diferentes  me hizo pensar de nuevo sobre el lugar de China en el mundo y su importancia. Mis pensamientos aquí expresados  son inevitablemente personales y subjetivos.

Trabajadores colocando algunos de los 23.000 paneles solares fotovoltaicos en los techos de la terminal de  pasajeros de Hongqiao en Shangai. © Jiri Rezac 2010 (CC BY-NC-SA 2.0)

Trabajadores colocando algunos de los 23.000 paneles solares fotovoltaicos en los techos de la terminal de pasajeros de Hongqiao en Shangai. © Jiri Rezac 2010 (CC BY-NC-SA 2.0)

 

Primeras impresiones: China está cambiando muy rápido en diferentes frentes. La velocidad de crecimiento y cambio es fenomenal. Volando hacia Pekín, éramos uno de los tres aviones que aterrizaban simultáneamente en pistas paralelas, y nuestro taxi negociaba atravesar la 6ª circunvalación, luego la 5ª y así sucesivamente mientras nos dirigíamos hacia el centro. Los enlaces ferroviarios de alta velocidad se están expandiendo rápidamente, y el sistema de metro de Beijing es el más eficiente, limpio, rápido y fácil de usar que he visto (¡así como barato!)

Ya se trate de flexionar sus músculos en los mares del sur de China o de construir ferrocarriles y fábricas en África y Sudamérica, China es la nueva superpotencia global. En el siglo XIX fue Gran Bretaña, Francia y Alemania, en el siglo XX fue Estados Unidos y Rusia, pero ahora el mundo está despertando al poder económico global de China. El potencial para que ese poder se utilice de manera en que sea ambientalmente positivo o negativo es enorme, y esas elecciones  se están haciendo ahora.

La velocidad del cambio económico ha sacado a cientos de millones de la pobreza, pero también ha tenido enormes costos sociales y ambientales. Las familias suelen estar separadas por el trabajo, con el sentimiento de que las personas mayores de las zonas rurales son olvidadas; según me han dicho, y con la presión para triunfar del otro lado. El materialismo basado en el consumidor se ha convertido rápidamente en la no hablada ideología urbana de China. Los niveles de contaminación en las ciudades de China son tóxicos, y los efectos del cambio climático y la deforestación en eventos climáticos extremos como inundaciones, deslizamientos de tierra y tormentas de polvo son devastadores.

Mientras yo estaba en China, la noticia llegó a través de la retirada del presidente Trump del acuerdo climático de París. La respuesta de China fue inmediata e inequívoca: un compromiso de trabajar con la UE y otros por el consenso global y el acuerdo de París. China ha sufrido un cambio notable en el medio ambiente, del modo que sólo una economía de mando y control puede hacerlo.

Considerando que hace diez años había historias de nuevas centrales térmicas de carbón cada semana, ahora, según Forbes «El carbón se está muriendo en China debido a la contaminación», y el periódico Financial Times advierte que «los sectores del aluminio y del carbón serán sacudidos por el empuje por aire limpio en China». En 2016 China añadió más energías renovables en un año que la oferta total de Alemania, formando el 25% de su producción total de energía. Todavía queda mucho por hacer, sobre todo para proteger la biodiversidad y el comercio de especies amenazadas, pero también hay historias recientes positivas en ambas áreas.

En este contexto, ¿dónde está la iglesia china? Las estimaciones numéricas varían, porque muchos asisten a las “iglesias domésticas” no registradas en vez de a las iglesias religiosas oficiales (como la The Three-Self Patriotic Movement: una iglesia  oficial protestante de la República Popular de China) e iglesias católicas, pero algunos calculan que el 10% de los chinos de la parte continental son cristianos ahora. El gobierno busca controlar la religión cuidadosamente, y recientemente ha tratado de persuadir a las iglesias domésticas a que se registren también. Un resultado es que la fe es a menudo intensamente personal para evitar la política, y ha habido muy poca enseñanza o pensamiento alrededor de un acercamiento bíblico a los asuntos ambientales, la economía y el estilo de vida. Así y todo, encontré a cristianos en posiciones altamente-colocadas en universidades e instituciones de investigación que deseaban relacionar su fe con su trabajo.

Una vez más, el potencial de China es enorme. ¿Imagínate si los cristianos chinos llegan a tener una visión para el cuidado de la creación , para buscar la gloria de Dios a través de un futuro sostenible?. ¿Imagínate si la visión de  A Rocha debía realmente arraigar en China? Hace treinta años, parecía imposible que el cristianismo prosperará en China, pero ahora lo es. ¿No sería asombroso si los cristianos chinos se convirtieran en la próxima generación de líderes de A Rocha, pioneros en iniciativas de conservación basadas en la Biblia? Si compartes esa visión, únete a mí para orar por la iglesia de China.

El libro de Dave sobre la base bíblica para el cuidado de la creación, (“Planetwise”) está disponible en chino desdehttps://shop.campus.org.tw/ProductDetails.aspx?productID=000501163.

Traducción: María Eugenia Barrientos

Categorías: Reflexiones
Palabras clave: China cristianismo futuro
Sobre Dave Bookless

Dave trabaja con A Rocha desde 1997, primero como miembro del consejo de administración de A Rocha Internacional y desde 2001 con A Rocha Reino Unido como cofundador (con su esposa Anne), director nacional, y posteriormente director de teología, iglesias y comunidades sostenibles. Se unió al equipo de A Rocha Internacional en septiembre de 2011. Su función como asesor de teología e iglesias incluye la aportación de consejos y recursos para los miembros del consejo de administración de ARI, el equipo y las organizaciones nacionales de A Rocha, y la coordinación de las relaciones con redes internacionales de teología y misiones. También está cursando en la universidad de Cambridge, a tiempo parcial, un doctorado en teología bíblica y conservación de la biodiversidad.

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