11 abril 2016 | Dave Bookless | 6 comentarios

¿Es la naturaleza cruel y despiadada?

Hace algunas semanas estaba en casa de unos amigos y los tres veíamos un documental sobre la vida silvestre basado en la Isla de Ellesmere, en el ártico canadiense. Era un mundo frío y blanco con halcones gerifaltes Falco rusticolus, liebres árticas Lepus arcticus, zorros árticos Vulpes lagopus, búhos nivales Bubo scandiacus y gansos de las nieves Chen caerulescens. Hasta los lobos árticos Canis lupus arctos que viven allí eran blancos.

En aquel paisaje blanco y helado había muy poco color, a excepción de las rocas grises y una obstinada manada de peludos bueyes almizcleros Ovibos moschatus marrones. La abrupta excepción, captada vívidamente en película de alta definición, se producía cuando los halcones, los lobos o los búhos atrapaban una presa y la sangre vital regaba la nieve virgen. A medida que la primavera se convertía en un breve verano ártico, la paleta de colores crecía con flores, líquenes y masas de lemmings Dicrostonyx sp. que cambiaban sus blancos atuendos invernales por otros negros y grises. En este punto comenzó la verdadera matanza; los halcones gerifaltes despedazaban con alegre desenfreno las liebres jóvenes para sus hambrientas crías, y los búhos nivales se daban un festín de ratas de campo hasta que ellos y sus polluelos quedaban hinchados, con los esqueletos que no habían comido apilados alrededor de los nidos.

Gavilán común (Accipiter nisus) sobre una presa. (Fotografía de Peter Harris)

Gavilán común Accipiter nisus sobre una presa. (Fotografía de Peter Harris)

En ese momento me distrajeron del documental las reacciones de mis dos amigos: llamémosles Juan y Josefa. Juan disfrutaba enormemente con la fuerza y la habilidad de las aves de presa, su maestría para calcular el tiempo y para controlar su plumaje, la elegancia y la eficiencia con que cazaban. A Josefa la horrorizaba la sed de sangre de los polluelos hambrientos, la frialdad con que los padres despedazaban criaturas vivas y los desechos de cuerpos ensangrentados esparcidos por doquier y sin comer. ¿Cómo era posible que aquella crueldad despiadada formara parte de la buena creación de Dios?

La naturaleza salvaje es hermosa y terrible; contiene una belleza que hace que duela el corazón y una crueldad que lo desgarra. Y eso plantea una inmensa pregunta teológica: ¿qué nos dice esto acerca de Dios? Si la creación pone al descubierto «las cualidades invisibles de Dios, su eterno poder y su naturaleza divina» (Romanos 1:20), entonces ¿debemos considerar que el horror de la depredación muestra el carácter de Dios?

Los cristianos han tendido a responder esto en una de dos maneras posibles. Juana señalaría que la creación fue hecha «muy bien» y con el único don de plantas verdes para que se alimenten los humanos y los animales (Génesis 1:29–31), y llegaría a la conclusión de que la depredación y la muerte son consecuencias del pecado y del demonio, por lo que no pueden atribuirse a Dios. A su vez, Juan podría decir que la biodiversidad y la belleza dependen de la depredación y de la evolución; Jesús comía carne y el Salmo 104:21 sugiere que Dios da a los leones su presa, de modo que sería mejor que nos diéramos cuenta de que Dios es más grande, más salvaje y, quizás, más aterrador de lo que pensábamos.

Ninguno de los dos argumentos me ha satisfecho totalmente, así que permítanme probar una tercera posibilidad. Las imágenes bíblicas de la nueva creación (Isaías 9, 65Revelación 21) muestran claramente un reino pacífico, sin miedo, muerte ni destrucción entre los seres humanos o los animales. La crueldad y la violencia indiscriminada no encajan con un Dios que «es compasivo con todas sus obras» (Salmo 145:9). Aunque C. S. Lewis argumentaba que «Si el león terrenal pudiera leer la profecía del día en que comerá heno como un buey no la consideraría una descripción del cielo, sino del infierno», [1] esto es reduccionista: un león es más que un carnívoro, del mismo modo que un ser humano es más que un simio que camina. Como dice Ryan McLaughlin: «Del mismo modo que Jesús puede resucitar como inmortal y superar el sufrimiento sin perder su identidad humana, así podría un león resucitar como vegetariano sin perder su identidad de león”. [2]

De manera que quizá, aunque hay algo hermoso en la naturaleza cruel y despiadada (a menos que seas un lemming), el sufrimiento que la ciencia nos dice que es inevitable en nuestro mundo actual no es el plan final ni el mejor plan de Dios. Nuestra visión es la de un reino de Dios lleno de paz en el que las leyes de la ciencia se reescriben y los leones, los corderos y las ratas de campo no tienen ningún temor. Si ese es el caso, entonces nuestro papel actual es tanto proteger y preservar los ecosistemas en los que se cazan animales y existe la crueldad, como vivir con anticipación una nueva era en la que la paz y la rectitud reinen para todas las criaturas. Eso significa que los cristianos deben liderar la llamada para evitar la crueldad innecesaria con los animales, ya sean domésticos, de granja o salvajes. Tanto si elegimos ser vegetarianos como si no lo hacemos, debemos respetar y atesorar la vida de cada criatura. Para terminar, dos citas importantes de gigantes de la teología… ¡y luego espero sus respuestas!

«Un buen cazador se diferencia del malo por el hecho de que, incluso cuando está matando animales, oye el gemido y el dolor de la criatura, y por tanto es llamado a una neutralidad, reserva y cuidado mayores, más agudizados y profundos».

—Karl Barth [3]

«Si tuviéramos que renunciar a la esperanza aunque sólo fuera por una sola criatura, para nosotros Dios no sería Dios».

—Jürgen Moltmann [4]

[1] C. S. Lewis, The Problem of Pain [El problema del dolor] (Nueva York: Oxford University Press, 2002), 147

[2] Ryan P. McLaughlin, Preservation and Protest: Theological Foundations for an Eco-Eschatological Ethics [Preservación y protesta: fundamentos teológicos para una ética ecoescatológica] (Minéapolis, PA: Fortress Press, 2014) pág. 377

[3] Karl Barth, Church Dogmatics [Dogmas de la iglesia], (Edimburgo: T & T Clark, 1962), 4:355

[4] Jürgen Moltmann, The Coming of God: Christian Eschatology [La venida de Dios: escatología cristiana], (Minéapolis, MN: Fortress Press, 1996), 132

Traducción: María Belén / Marisa Raich

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Categorías: Reflexiones
Palabras clave: futuro sufrimiento
Sobre Dave Bookless

Dave es el Director de Teología de A Rocha International, donde trabaja para incorporar el cuidado de la creación en las organizaciones, instituciones teológicas y movimientos misioneros cristianos internacionales. Sus anteriores puestos en A Rocha fueron los de Administrador Internacional y cofundador de A Rocha Reino Unido (con su esposa Anne). Tiene un doctorado de la Universidad de Cambridge en teología bíblica y conservación de la biodiversidad, y ha contribuido a muchos libros y artículos, incluido Sabios con el planeta, disponible en seis idiomas. A Dave, nacido y criado en la India, le apasionan la comida, la cultura y el cristianismo indios. Dave es también un anillador cualificado y le encantan la observación de aves, las islas, correr y las montañas.

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6 respuestas a “¿Es la naturaleza cruel y despiadada?”

  1. MANUEL dice:

    CREO QUE EN EL PRINCIPIO DE LA CREACIÓN LAS PLANTAS, LOS ANIMALES y LA HUMANIDAD VIVÍAN EN ARMONÍA CON EL RESTO DE LA VIDA, SIN TEMORES NI DEPREDACIÓN… LA ANATOMÍA DE LOS SERES ERA DIFERENTE A LA ACTUAL, POR EJEMPLO LA DENTADURA DE LO QUE HOY CONOCEMOS COMO EL LEÓN NO TENÍA ESOS ENORMES CANINOS y SU SISTEMA DIGESTIVO DE NATURALEZA VEGETATIVA, POSIBLEMENTE EN ESE ENTONCES NO ERA EL LEÓN QUE HOY CONOCEMOS… EN ALGÚN MOMENTO ESA ANATOMÍA y COMPORTAMIENTO FUE MODIFICADO, ALTERANDO EL RUMBO DE LA VIDA, QUIZÁS FUÉ CONTAMINADA POR OTRO SER SUPREMO, DIRECTA ó INDIRECTAMENTE, CON OTRAS INTENCIONES.

    EN EL PRINCIPIO LA DIVERSIDAD DE PLANTAS ERAN LA FUENTE DE ALIMENTACIÓN DE TODO SER VIVIENTE, CADA UNO DE ELLOS DOTADO DE CARACTERÍSTICAS DIFERENTES QUE APROVECHABAN LA MATERIA QUE LAS PLANTAS NO NECESITABAN, y CON ELLA SE ALIMENTABA, CUIDÁNDOLA, LIMPIÁNDOLA, LIBERÁNDOLA DE LA MATERIA QUE LE IMPEDÍA A LAS PLANTAS DESARROLLARSE y REPRODUCIRSE SALUDABLEMENTE… CADA ANIMAL CON SUS PLANTAS y CADA ESPECIE DE PLANTAS PARA CADA ANIMAL SEGÚN SUS GÉNEROS y ESPECIES. LA PLANTA AGRADECIDA POR LOS CUIDADOS DE LOS ANIMALES y LOS ANIMALES TAMBIÉN POR LA ALIMENTACIÓN OBTENIDA… EL HUMANO TAMBIÉN EJERCÍA EL EQUILIBRIO y ARMONÍA SEGÚN FUE CREADO… NO EXISTÍA LA DEPREDACIÓN ni LA CONTAMINACIÓN, NO EXISTÍA LA LEY DEL MÁS FUERTE SOBREVIRÍA, CONTRARIO COMO HOY DÍA… ERAN OTROS TIEMPOS DE VERDADERA HERMANDAD, PAZ y ARMONÍA, EL VERDADERO JARDÍN DEL EDÉN AL CUAL REGRESAREMOS SEGÚN LO PROMETIDO POR NUESTRO PADRE CELESTIAL, NUESTRO CREADOR.

  2. Estrella dice:

    Siempre me he hecho esta pregunta. He oído a muchos curas y catequista hablar de la belleza de la creación…y donde ellos ven belleza yo veo un mundo aterrador, donde el débil no tiene cabida. ¿Es dios un monstruo? ¿Que clase de broma macabra es esto de la vida? Hasta la fecha, ninguna respuesta teológica me resulta satisfactoria. Parace un querer y no poder porque la propia naturaleza descuadra el concepto que tenemos de dios, porque los animales no son causantes ni responsables de su propio mal, ni de su dolor como lo es el hombre (según la naturaleza) debido a su libertad y su pecado.

    Algo chirría. Lo siento.

  3. Estrella dice:

    En cuanto a la teología y dios, solo veo al hombre anhelando un mundo mejor que no existe porque no aceptamos la vida tal cual es; injusta, cruel y a veces insoportable.

  4. daniel dice:

    Cierto, estamos ciegos ante la mayor evidencia que la tenemos bajo nuestro nariz, pero en vez de mirar hacia abjo para ver la realidad miramos las nubes…
    Un libro que acaso trae un poco de luz natural, en este universo del conocimiento, de sobras y luces «artificiales»: https://docs.google.com/document/d/1TJ08py1st6bK9rl-8t3oC-JmFG9uzwBgW1taMb2pUMw/edit

  5. Luis Manteiga Pousa dice:

    La Naturaleza «siente» absoluta indiferencia hacia el ser humano, y hacia los demás seres. Es indiferente a nuestro sufrimiento, a nuestra alegría…A pesar de las fotos, los documentales…que a veces nos muestran.Y es cruel para los animales, para la mayoría, que en ella viven. Y parecido se puede decir del mundo humano. El mundo es cruel ya desde el momento que nos tenemos que comer unos a otros para vivir. Hay, simplemente, que buscar la menor crueldad posible. Y no sólo es comer, también matamos con los insecticidas, etc. Incluso, por el mero hecho de vivir, ya estamos matando a un montón de bichitos «invisibles» que nos rodean, los matamos al sentarnos, al tocarnos, al pisar, al acostarnos…simplemente al vivir. ¿Es este el mejor de los mundos posibles? No lo se. Quizás no.

  6. XLuis MP dice:

    Bueno, si morimos para esos «bichitos invisibles» aun sería peor porque ya no tendrían donde comer y vivir, supongo. Excepto durante algún tiempo tras la muerte. Y si nos incineramos o hacemos la acuamación, que aun está empezando, peor aun para ellos, un desastre, supongo. De todos modos, también hay muchas cosas buenas en el mundo, que es lo más importante, y mucha belleza también. No hay que ser tan pesimista. Tiene mucho de maravilloso, de milagroso, su funcionamiento. Lo que pasa es que ya estamos tan acostumbrados que no le damos el gran valor que realmente tiene. Como decimos en Galicia «nin tanto nin tan pouco». Es decir, no nos pasemos ni en las criticas ni en las alabanzas.