Los cinco compromisos básicos de A Rocha vividos por John Stott – 2: Conservación

Traducido por María Eugenia Barrientos de A Rocha’s five core commitments as lived by John Stott – 2: Conservation

Tengo la foto favorita de John Stott. El está inclinado sobre una mata de azafranes silvestres en una ladera pedregosa en Turquía, la lente pesada de su cámara perfectamente estable en sus manos extendidas a pesar del ángulo incómodo de su cuerpo. Fotografiar fotógrafos siempre es divertido.

John Stott fotografiando la naturaleza en Turquía

La pasión de John por la observación de aves y por fotografía es legendaria. Una ambición de toda su vida fue para capturar en un video la impresionante vista de los búhos blancos en sus nidos en el Ártico, la cual se cumplió en sus setenta años – que fue más una peregrinación que un paquete turístico de vacaciones.

Otras expediciones fueron menos ambiciosas pero no menos impregnadas de determinación divina. Al ser semi-reconocido al final de una reunión de domingo por la mañana en uno de esos viajes, el simplemente bajó la cabeza con un casi inaudible: “en realidad somos observadores de aves”, y se dirigió hacia las colinas.

Pero su apreciación de toda la creación era una parte integral de su amor por el Creador. Pocas cosas vivientes escaparon de su penetrante mirada e insaciable curiosidad. “El estudio de las aves de los cielos no es una sugerencia de Jesús” – él decía – “es un mandamiento”, uno que estaba encantado de obedecer siempre que sus compromisos se lo permitían. Debe de haberlo hecho varias veces, ya que de cerca de las 9.000 o más especies en el mundo, se las arregló para ver y con frecuencia fotografiar, casi un tercio!

La pasión por la observación de aves no es necesariamente lo mismo que ser un conservacionista. Sin embargo, John fue los dos a la vez. Ya en 1984, cuando los problemas ambientales estaban alejados de la parte superior de la agenda de la iglesia, el estaba discutiendo fuertemente que todos los cristianos tienen la responsabilidad de cuidar de la creación. “Mayordomía incluye conservación”, escribió, “la mayor amenaza para la humanidad puede resultar al final no una guerra nuclear, sino un peligro en tiempos de paz, es decir, el despojo de los recursos naturales de la tierra por la locura o la codicia humana”.[1] John estaba convencido plenamente, que tanto teológica como científicamente, la crisis ecológica creciente amenaza no sólo la salud de la humanidad, sino su propia supervivencia y la del propio planeta.

Entre las innumerables razones para una seria preocupación, el destacó cuatro realidades ineludibles: el crecimiento acelerado de la población mundial, el agotamiento de los recursos de la tierra, el problema de la eliminación de residuos y las consecuencias catastróficas del cambio climático, especialmente para los pobres. En su incansable y permanente misión de aplicar las verdades bíblicas a la vida cotidiana, John llegó a la conclusión de que todos los cristianos pensantes y comprometidos enfrentan a decisiones difíciles con respecto al medio ambiente. Consume tiempo, pero es justo, a su juicio, comprar ropa, alimentos y otras necesidades de empresas con políticas ambientales éticamente correctas. El reciente escándalo acerca de la carne de caballo en Europa nos ha recordado que el conocimiento de la procedencia de los alimentos es una buena idea por otras razones también. “¿Cuándo la carne vacuna no es carne de res?” ya no suena como una broma de niños de cuatro años.

La magnitud del problema es enorme, y potencialmente paralizante –, pero hay cosas simples y prácticas que podemos hacer. Podemos comprar menos, comer menos, reciclar más, apagar las cosas eléctricas que no necesitamos. Podemos observar más el mundo natural, dar las gracias por él, estudiarlo, y hacer todo lo posible para cuidar de él. Todos estos principios se reflejaban en el estilo de vida sencillo de John.

Por lo que yo sé, él no hizo su propio cereal matutino, o cultivó tomates orgánicos en sus macetas de casa. Pero el comía simplemente, y rara vez comprado. Sus posesiones eran pocas y preciosas, ya que eran en su mayoría regalos de amigos de todo el mundo. Libros forraban sus paredes, pero que estaban en uso constante y sin duda también en circulación. También había escrito un buen montón de ellos él mismo! Comprar ropas representaba una menor tentación para él que para mí, pero este caballero inglés vestía siempre impecable. Sabemos que él era dueño de dos trajes, ambos de color azul claro y, milagrosamente, a prueba de arrugas. Tenía trajes sorprendentemente coloridos, camisas y corbatas de África y Asia. Él también tenía un sombrero para el sol de un azul y verde llamativos que apareció, al igual que los azafranes, en esa turca ladera pedregosa.

Ese sombrero se ve en mi foto favorita también…

[1] Stott, John R.W. Issues Facing Christians Today, p 115. Marshall, Morgan and Scott, Hants UK, 1984

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About Miranda Harris

Peter and Miranda moved to Portugal in 1983 to establish and run A Rocha’s first field study centre. Together with their four children they lived at the centre for twelve years until 1995 when the work was given over to national leadership. They then moved to establish A Rocha France’s first centre near Arles, and lived there until 2010, providing coordination and giving leadership to the rapidly growing global movement. They are now back in the UK from where they work to support the A Rocha family around the world while being closer to their own, and not least their grandchildren. Their story is told in Under the Bright Wings (1993) and Kingfisher’s Fire (2008).

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