7 marzo 2016 | Peter Harris | 0 comentarios

Recaudar fondos: ¿existen reglas?

Como escribió Barbara Mearns (en inglés), es curioso lo que dice la gente cuando les decimos que trabajamos en conservación. Sus reacciones son muy variadas, dependiendo de cómo lo describa usted. Pero si usted dice que trabaja para una organización benéfica (verdadero), la sorpresa es que a menudo la gente piensa que les vamos a pedir dinero (falso). Así pues, dado que nosotros, los trabajadores de organizaciones benéficas, en realidad dependemos de la generosidad de la gente, ¿existe una manera buena de recaudar fondos?

Pesca del día © Gillian Moore

Pesca del día © Gillian Moore

Siempre que quiero encontrar una buena manera de hacer algo tiendo a mirar cómo lo hubiera hecho Jesús. No consideraba que pedir fuera rebajarse. Por ejemplo, dijo a sus discípulos que pidieran un asno a un amigo para montarlo en su improvisada marcha a Jerusalén. Sin asno no había marcha, y lo obtuvo. Dos mil años después todavía hablamos de ello, ¡ésa sí que es una lección sostenible! Y él tenía opiniones claras sobre la forma de dar (en silencio, de forma anónima, con sacrificio), ya que para Dios cuenta más la actitud que la cantidad. Oímos hablar bastante menos acerca de una buena manera de pedir, quizá porque en el contexto de una cultura generosa como la de Oriente Medio había menos necesidad de insistir sobre este punto. De manera que vuelvo a una metáfora de Jesús, porque por extrapolación vemos que el hecho de pedir correctamente depende de cómo vemos nosotros, los que pedimos, a quienes dan, y que Dios es a fin de cuentas es último dador de todas las cosas buenas. En última instancia, lo importante para recaudar fondos es dar menos importancia a nuestras propias ideas de lo que necesitamos y comprender mejor lo que Dios desea mantener.

De manera que aquí está la metáfora: la expedición de pesca de los discípulos, registrada en Juan capítulo 21. Habían vuelto a caer en sus viejos hábitos porque el Proyecto parecía haber fracasado. Jesús había sido ejecutado y todo había terminado, por lo que volvieron a las antiguas costumbres y salían a pescar de noche. Y no hace falta decir que no les iba muy bien. Las redes vacías son normalmente el resultado que obtenemos cada vez que nos embarcamos en proyectos sin haber intentado verdaderamente comprender cómo podrían encajar en el mundo de Dios y sus caminos, por no hablar de las horas de sueño perdidas. Lo que les devolvió al camino correcto fue estar preparados para pescar de acuerdo con las nuevas maneras de la resurrección, hacer las cosas únicamente como Jesús ordenó. Ellos eran los expertos en pesca, pero sabían que Él sabía más y se limitaron a echar las redes donde Él les dijo.

Después de tantos años en realidad no importa saber cuántos peces pescaron aunque Juan, a su manera precisa, dice que fueron 153 peces grandes… y me tranquiliza, porque lo primero que hago cuando conseguimos una donación en dólares, o euros, o reais brasileños, es entrar en www.xe.com. Allí descubro exactamente cuántas semanas más podrá seguir trabajando uno de mis amigos de A Rocha, o cuántos árboles podremos sembrar, o…

Pero lo que importa es que los discípulos reconocieron quién sabía cómo pescar y dónde hacerlo. Y creo que ésa es la misión de toda la vida del buen recaudador o el buen pescador. Esa es la razón de que la manipulación de la caridad, el acoso de la caridad, la exigencia de la caridad y los juegos de culpabilidad sean una terrible mancha en la buena y piadosa labor de recaudar fondos para beneficencia. Temo que muchas de las peticiones de caridad que llaman a mi propia puerta, si las miramos de cerca, son fundamentalmente deshonestas. Todos debemos tener un barco y buenas redes (no se rompieron ni con 153 peces grandes). Aquí quiero rendir homenaje a todos quienes cosieron las redes de A Rocha para que podamos disponer de una magnífica contabilidad, minuciosos marcos lógicos para justificar los gastos, claridad sobre cada céntimo que necesitamos, y a quienes aportan todo el conocimiento que forma la base de una buena petición de fondos. ¡Ustedes saben quiénes son! Pero una vez establecidas esas condiciones esenciales, todos ponemos nuestra fe en el gran pescador. ¡De manera que vamos a abolir las normas referentes a qué técnica funcionará para recaudar fondos, y reunámonos en alguna playa, en algún lugar, en el próximo festín de peces proporcionados por Jesús!

Traducción: Francisco González / Marisa Raich

Categorías: Reflexiones
Sobre Peter Harris

Peter y Miranda se mudaron a Portugal en 1983 para fundar y poner en funcionamiento el primer centro de estudios de campo de A Rocha. Con sus cuatro hijos, vivieron en el centro durante doce años hasta que en 1995 el trabajo fue transferido a un liderazgo nacional. Entonces se mudaron para fundar el primer centro de A Rocha en Francia cerca de Arles, y vivieron allí hasta 2010 proporcionando coordinación y aportando liderazgo al movimiento global en rápido crecimiento. Ahora han regresado al Reino Unido, desde donde trabajan para apoyar a la familia A Rocha en todo el mundo al tiempo que se mantienen cerca de la suya propia, especialmente de sus nietos. Su historia se relata en Under the Bright Wings (“Bajo las alas brillantes”, 1993) y Kingfisher’s Fire (“El fuego del martín pescador”, 2008).

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