24 Julio 2017 | Dave Bookless | 1 comentarios

Alimentar al mundo y la agricultura a la manera de Dios

Cuando impartía clases de historia moderna en la Universidad, en la década de 1980, estudiábamos la “Revolución verde” de la India. Para intentar alimentar a una población creciente y evitar hambrunas cíclicas, durante las décadas de 1960 y 1970 se hicieron inversiones masivas en agricultura “moderna”, con irrigación, mejora de las semillas, mecanización, y abundantes insecticidas y pesticidas. La “Revolución verde” se consideraba un ejemplo de progreso: de cómo la tecnología podía salvarnos y alimentarnos a todos.

En la actualidad las cosas tienen un aspecto muy distinto. Sí, la productividad creció inicialmente, y en aquel momento se decía que había salvado del hambre a millones de personas, pero tuvo unos costes enormes. Es complejo analizar los costes sociales y económicos, pero incluían poner a pequeños granjeros en poder de prestamistas y de corporaciones multinacionales. Los granjeros, acostumbrados a vivir del producto de la tierra, se vieron obligados a entrar en una economía monetaria y, a menudo, a contraer deudas: se calcula que 300.000 granjeros indios se han suicidado desde 1995. Luego están los costes para la salud humana: también refutados por algunos, pero parece que el uso indiscriminado de aditivos químicos tuvo graves consecuencias en el agua potable, la mortalidad y la discapacidad infantiles, y otras enfermedades. Se ha descrito el estado del Punjab, conocido como el granero de la India, como «presa de una terrible crisis medioambiental y sanitaria originada por las prácticas de agricultura intensiva, incluidas grandes dosis de productos químicos y pesticidas, durante las cuatro últimas décadas». El Punjab cuenta con el 2,5% del suelo agrícola de la India, pero utiliza el 18% de los pesticidas del país.

Los costes medioambientales han sido significativos a diversos niveles. Las mono-cosechas a gran escala y el uso intensivo de insecticidas reducen inevitablemente la biodiversidad, tanto en el suelo agrícola como en las zonas “salvajes” limítrofes. La dramática reducción de la población de abejas en todo el mundo podría ser el “canario en la mina de carbón” en cuanto al impacto que tienen los productos químicos agrícolas sobre los ecosistemas [*]. Además, la fertilidad del suelo se ha degradado progresivamente, necesitando un uso cada vez mayor de fertilizantes. Esto no solo crea el ciclo de dependencia de la contaminación y de los menguantes combustibles fósiles (vitales para la producción de fertilizantes artificiales), sino que también destruye la fertilidad del propio suelo.

Lideres de iglesias de cerca del bosque de Dakatcha, en Kenia, aprendendo sobre la agricultura a la manera de Dios

Lideres de iglesias de cerca del bosque de Dakatcha, en Kenia, aprendendo sobre la agricultura a la manera de Dios

 

Y eso me lleva a las preguntas: ¿podemos alimentar al mundo sin destruir comunidades, cultivos y la propia creación? ¿Dice algo la Biblia sobre el suelo, la agricultura y el uso de la tierra? ¡Resulta que dice mucho! Si desea saberlo detalladamente le recomiendo de todo corazón el libro de Ellen Davis Escritura, cultivos y agricultura: una lectura agraria de la Biblia. En su núcleo –y en el de la Biblia– se encuentra el reconocimiento de que el suelo no es únicamente una mercancía, sino también una comunidad de la que formamos parte. Al comienzo fuimos hechos de tierra: Adam procede de adamah, el polvo de la tierra. La tierra, ahora lo sabemos, no es un objeto inanimado sino una comunidad de millones de microorganismos. Envenenarla con fertilizantes y pesticidas articiciales destruye su vida y su capacidad de renovarse a sí misma. Esa es la razón de que la llamada Revolución Verde fuera un fracaso a largo plazo. Fracasó porque no respetaba la integridad de la tierra ni los conocimientos locales de las personas que habían vivido durante siglos en relación con ella.

Esa es también la razón de que La agricultura a la manera de Dios, que funciona en más de 20 países africanos desde Angola a Zimbabue, sea una verdadera solución para los granjeros a pequeña escala, para alimentar a las personas y para recuperar la biodiversidad, y todo ello basado en principios bíblicos aplicados en un contexto africano. A Rocha Kenia y A Rocha Uganda llevan años utilizando la Agricultura a la manera de Dios. Utilizando semillas locales, métodos biológicos naturales de control de plagas, compost, y acolchado como fertilizante y para retener la humedad (‘la manta de Dios’), y combinándolo con enseñanzas bíblicas y de base científica sobre la interdependencia de la creación, los resultados pueden ser fantásticos.

¿Y su huerto? ¿Va creciendo? Tanto si cultiva usted alimentos como si no lo hace, todos comemos. Si Dios nos creó vinculados por un cordón umbilical entre nosotros, todas las criaturas y la tierra, entonces lo que comemos, y cómo y dónde se cultiva, y qué se le añade, es de gran importancia. En un mundo en el que millones de personas siguen sufriendo hambre y la biodiversidad desaparece, también es importante que apoyemos y difundamos programas como Agricultura a la manera de Dios: por los pobres, por el planeta, por Dios.

Categorías: Reflexiones
Sobre Dave Bookless

Dave trabaja con A Rocha desde 1997, primero como miembro del consejo de administración de A Rocha Internacional y desde 2001 con A Rocha Reino Unido como cofundador (con su esposa Anne), director nacional, y posteriormente director de teología, iglesias y comunidades sostenibles. Se unió al equipo de A Rocha Internacional en septiembre de 2011. Su función como asesor de teología e iglesias incluye la aportación de consejos y recursos para los miembros del consejo de administración de ARI, el equipo y las organizaciones nacionales de A Rocha, y la coordinación de las relaciones con redes internacionales de teología y misiones. También está cursando en la universidad de Cambridge, a tiempo parcial, un doctorado en teología bíblica y conservación de la biodiversidad.

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Una respuesta a “Alimentar al mundo y la agricultura a la manera de Dios”

  1. Agrodir.org dice:

    Y al que desarrollo la revolucion verde le dieron el nobel de la paz.. Norman Bourlaug…. Cual costo social… Irrelevancias.

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